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La Sábana Santa Imprimir E-mail
Escrito por X. Arrieta   
Lunes, 27 de Marzo de 2006 22:00
¿Será la imagen de Jesucristo la que encuentra plasmada en la Sábana Santa? ¿Estaremos contemplando el rostro del hijo de Dios?

 

 

Narra la historia que la Sábana Santa fue traída a Europa desde el lejano oriente durante las cruzadas, y que desde 1578 reposa en la catedral de Turín. La Sábana Santa es una tela de lino de unas dimensiones aproximadas de 4,36 metros de largo y 1,10 metros de ancho. Sobre ella se pueden observar, además de las dos líneas oscuras y de las figuras geométricas en forma de triángulos blancos, signos de quemaduras y las huellas de una imagen - frontal y dorsal - de un hombre supuestamente muerto por crucifixión.

La Sábana Santa destapó su secreto cuando, en 1898, Secondo Pia fotografió dicha tela; el negativo de la fotografía mostró en detalle, y con una evidencia mucho mayor que el "positivo", todos los "signos" que la Sábana Santa escondía.

Aunque la ciencia no ha dado aún explicaciones sobre el origen de la insólita imagen que figura en la tela, se puede afirmar que no se trata de ninguna pintura ya que la elaboración del ordenador ha revelado que ella posee propiedades tridimensionales, que no pertenecen ni a las pinturas ni a las normales fotografías.

Por otro lado, sobre la Sábana Santa se han hallado pólenes de flores que han ofrecido claros indicios de la veracidad del supuesto recorrido que realizó el lienzo hasta su llegada definitiva a Europa.

Por último, pero no por ello menos asombroso, los análisis realizados de algunas manchas que se encontraban en la sábana han indicado la presencia de sangre humana, del tipo AB, no encontrándose rastro de ningún tipo de pigmentos colorantes en las mismas.

Las últimas investigaciones a cerca de la Sábana Santa, publicada en 1988, afirmaba que se trataba en realidad de una tela de la Edad Media, que nada tenía que ver con la crucifixión, muerte y resurrección del hijo de Dios. Ahora, el investigador Raymond Rogers, quien trabaja para la Asociación Americana para la Investigación de la Sábana Santa, contradice esta tesis y afirma que los anteriores científicos habían analizado un remiendo hecho al lienzo, efectivamente, en 1534 por las monjas clarisas para sanar en lo posible las graves quemaduras dejadas en la tela por un terrible incendio.

En el 2002 se restauró la Sábana Santa, quitándole todos los remiendos (30 parches en total), para dejar al descubierto los agujeros que produjo el fuego. Se eliminó también la llamada tela Holanda, que le pusieron las mismas hermanas por debajo del lienzo, como soporte. Por eso, la versión de Rogers puede ser cierta. Como publicó la BBC en su portal de Internet, el investigador asegura que la verdadera edad de la tela es de entre 1.300 a 3.000 años.

Asimismo, un grupo de médicos forenses realizó un concienzudo examen sobre la sábana y declararon que el hombre plasmado en ese pedazo de tela fue torturado, azotado y crucificado, testimonio que se verifica si se observa con atención la guía de la Sábana Santa. En ella podemos observar lesiones en el pie izquierdo, en la frente, en la muñeca izquierda y unas en la cabeza provocadas por un “casco” de espinas, marcas de azotes y rastro de una herida producida por un instrumento punzante.

También está comprobado que el tejido del lienzo envolvió un auténtico cadáver durante un período de 30 a 36 horas, como lo demuestran las casi setecientas heridas pequeñas y grandes calcadas sobre el lino por contacto. Exámenes minuciosos conducidos por médicos han asegurado además que se trata de una perfecta imagen de un cuerpo humano, torturado por el casco de espinas, azotes, la cruz, traspasado por la lanza...

Los efectos naturales de esas torturas sobre un cuerpo humano están claramente manifiestos de tal forma que sería imposible de imitar y menos sin las técnicas modernas de las que disponemos actualmente.

Está científicamente reconocido por todos los expertos que, independientemente de que la Sábana haya sido o no utilizada para envolver el cuerpo de Cristo en el siglo I, se trata de un caso arqueológico único en el mundo.

Y como siempre, nos surgen las eternas preguntas: ¿Será la imagen de Jesucristo la que encuentra plasmada en la Sábana Santa? ¿Estaremos contemplando el rostro del hijo de Dios? Quizás algún día la ciencia nos de la respuesta definitiva al enigma.

 

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